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Rivista Antonianum
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Foto Oviedo Lluis , Recensione: R.W. Jenson, On Thinking the Human: Resolution of Difficult Notions, in Antonianum, 79/4 (2004) p. 749-751 .

Las cuestiones antropológicas son desde siempre un sujeto central de la reflexión teológica. No se debe olvidar que la teología no es una disciplina que trata sólo de Dios, en abstracto, sino de la relación histórica, concreta, entre Dios y los seres humanos. La especialidad que ahora se llama “antropología teológica” constituye un intento de iluminar el sentido de lo humano a la luz de la revelación divina, o de la experiencia que la Iglesia ha acumulado.

El breve libro de Jenson presenta reflexiones en torno a seis grandes temas antropológicos: la muerte, la conciencia, la libertad, la realidad, la maldad y el amor. La mayor parte de ellas fueron lecciones dentro de un curso especial. Como puede apreciarse, no estamos ante un esquema tradicional de la antropología teológica, que giraba en torno a los tres grandes temas: el ser humano como creado a imagen de Dios, el pecado original, y la vida de la gracia. Sin embargo, el autor logra una síntesis admirable en todos los casos entre temas que pueden ser situados en la antropología filosófica general, y la reflexión teológica más exigente. De hecho la obra ofrece un buen ejemplo de diálogo entre filosofía y teología al afrontar cuestiones centrales de la naturaleza humana.

El método seguido es similar en los seis temas analizados. Ante las aporías a las que conduce la reflexión en torno a un problema, como el amor, la conciencia o la muerte, se propone una respuesta que pasa por el recurso al misterio trinitario, desde donde se iluminan esas zonas más oscuras del conocimiento humano. Cabe describirlo como una versión del “método trascendental” en teología, donde las propuestas teológicas son la condición de posibilidad que permiten pensar en profundidad y dar respuestas a los misterios de la naturaleza humana.

Algunos ejemplos nos revelan el funcionamiento de ese método. El caso de la muerte es bastante elocuente, pues, se sitúa en el límite extremo de la razón humana, al tratarse de un concepto “sin representación” posible. Heidegger es el autor que ofrece una visión más ambiciosa al respecto, pero insatisfactoria, al hacer de la muerte la revelación del sentido de lo humano. La propuesta trinitaria interviene para mostrar una línea alternativa: la que inscribe la muerte del Hijo en el seno de las relaciones de amor con el Padre; lo que permite deducir que la muerte personal también pertenece al plan que rige la vida divina. Entonces puede decirse que la muerte personal abandona la perspectiva de la primera persona y asume la segunda, que es claramente cristológica, y la muerte de Cristo se convierte en la verdadera “representación” posible de la muerte (12), pues remite a la vida.

En el caso del amor, el autor también invita a confrontarnos con las aporías típicas de su pensabilidad, que algunos postmodernos han exasperado. La dialéctica entre deseo de posesión y don es una de sus expresiones, y Hegel es el filósofo que guía la reflexión, que de nuevo se estrella ante la dificultad de vincular esos dos extremos, algo que revelan los desarrollos posteriores de Marx y Nietzsche. La cuestión grave de la intersubjetividad, sólo se resuelve dentro del pensamiento trinitario, que desvela una dinámica de amor entre el Padre y el Hijo que es el Espíritu.

Es admirable es esfuerzo de Jenson y cómo logra simplificar en pocas páginas temas de tanta envergadura y que han dado tantos volúmenes de análisis en la modernidad. Probablemente una de las funciones de la religión, que también toca a la teología, es simplificar el exceso de complejidad presente en la vida personal y social. Otra versión del mismo principio es que la teología se ocupa de esconder las paradojas típicas de la reflexión humana tras una paradoja de fe, lo que seajusta perfectamente a la estrategia seguida por el autor. Precisamente creer en el Dios trinitario significa ser capaces de pensar lo humano sin caer en sus muchas paradojas. Es una cuestión de fe.


 
 
 
 
 
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